Reducir la depresión en residencias de ancianos requiere algo más que antidepresivos

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Mayores que viven en residencias de ancianos tienen más probabilidad de sufrir de depresión. Un estudio Australiano observó que más de la mitad (52%) de los residentes de cuidado de ancianos tiene síntomas de depresión, en comparación con el 10-15% de las personas mayores que viven en la comunidad.

Son comunes sentimientos de tristeza y bajo estado de ánimo así como una muestra de desinterés en las actividades que les ofrecen las instituciones de cuidado. Relatan un sentimiento de falta de esperanza en el futuro, lo que muchas veces lleva a la culpabilidad por el pasado pudiendo desear la muerte. En este estudio 46% ha sido la cifra de personas mayores que relataron tener o haber tenido pensamientos suicidas en entornos residenciales de cuidado de ancianos. Es un cifra tres veces más alta que la encontrada en los adultos mayores que están confinados en casa, pero viviendo en su medio natural de vida en la comunidad.

Las personas que entran en residencias de ancianos son, en promedio, mayores de los que viven en la comunidad. Ellos tienen necesidades de atención más complejos debido a las dificultades físicas y cognitivas. También pueden tener dificultades para adaptarse a la pérdida de la independencia y a las nuevas rutinas. Todos estos factores aumentan el riesgo de depresión e ideación suicida.

Sin embargo, la enfermedad mental a menudo no se detecta entre los residentes y hay varias razones para ello. Las personas que viven en residencias de ancianos suelen tener necesidades de atención complejas, por lo que la identificación de la depresión es difícil, ya que los síntomas emocionales se confunden con los de otras condiciones. Las personas mayores también son menos propensas que los jóvenes a reconocer sus propios síntomas, a menudo atribuyéndolas al envejecimiento normal.

Además, aunque los cuidadores de los establecimientos socio-sanitarios están en condiciones de actuar como informantes, a menudo carecen de la capacitación para detectar síntomas de depresión y no realizan testes de despiste de esta condición de forma rutinaria.

La depresión es una condición manejable y los síntomas pueden ser mejorados o gestionados a través de terapia y de medicación. Los medicamentos son eficaces, pero a menudo están asociados con efectos secundarios, y en muchos casos no son recomendados para los adultos mayores que presentan otras condiciones o toman otros medicamentos que interaccionan negativamente con antidepresivos.

Otras intervenciones como el ejercicio, la música y el canto, la terapia con animales de compañía, actividades basadas en la reminiscencia (tales como el análisis biográfico, hablando con otros sobre el pasado) y la activación conductual (como hacer actividades agradables) también pueden ser abordajes eficaces.

El asesoramiento y otras actividades psicológicas y sociales pueden ser enfoques muy eficaces para ayudar a que nuestros mayores se sientan menos solos, menos deprimidos y experimenten más a menudo sentimientos agradables y esperanza. El cuidado más efectivo es el que considera no solo la medicación pero tiene en cuenta “La Persona” en su totalidad, sus gustos, sus ansiedades, las causas subyacentes de su depresión.

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